Luego de La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama, Lucrecia Martel incursiona en el documental. Lo hace tomando como columna vertebral el juicio por el asesinato de un comunero indígena en Tucumán.
Nuestra tierra, en formato documental, retoma temas presentes en la filmografía de Martel: el clasismo, racismo, colonialismo, los abusos de poder, el peso de las instituciones, la importancia del entorno, del paisaje. Sin dejar de lado una estética cuidada, algunas escenas de gran poesía visual y mostrar intimidad de una manera cuidada y respetuosa.
El año 2009 fue asesinado Javier Chocobar, un comunero indígena Chuschagasta (Tucumán, Argentina). En una larga disputa de terrenos entre privados y una comunidad indígena, llegan Darío Amín, empleado público, y dos policías retirados armados a desalojar el terreno. El incidente tuvo muchos testigos, además de una grabación en video y fotos.
En el juicio oral confluyen todo tipo de testigos, pruebas, documentos históricos, reconstrucciones de escena. Pero detrás de todo ese despliegue formal, que incluyó prensa, afloran juegos de poder, verdades y mentiras históricas, prejuicios y vulneraciones que son parte de la cultura (de muchos).
Lucrecia Martel es una referencia para el cine argentino y latinoamericano, desde que estrenara La ciénaga (2001). Su mirada combina algo posiblemente biográfico: mirar los bordes desde el centro. O estar en los bordes del centro, o estar en los bordes sabiéndose del centro. Un centro -como Salta- que, en Argentina, con una Buenos Aires que “condena” a todo el resto del país a ser borde, es margen.
La mirada de Martel parece reposada, calma. Observa rostros, miradas, pequeños gestos. El cielo, praderas y caballos. Pregunta por historias personales, mira fotos antiguas. Muchas fotos. Y deja que las personas hablen de sus historias. Que aflore esa tensión de años, de generaciones, que subyace, que aplasta.
Así, como un animal de presa, Martel va reconstruyendo un vasto territorio presente y pasado. Con paciencia -algo necesario para ver esta película- va develando esta geografía natural y humana, con su historia.
Nuestra tierra pareciera que es un divagar. Como si fuera un ejercicio sin meta. Como si fueran piezas de distintos puzles, en especial cuando nos hemos acostumbrado a lo inmediato. Hasta que poco a poco, se va armando una realidad compleja, larga, histórica, para dejar a la espectadora o espectador frente al vacío de la presa, de la verdad.
Nuestra tierra es un documental que agarra y suelta varias veces, que confronta, incomoda y provoca. Y nos enfrenta a tomar postura.
Domingo 21 de junio – 18:30 horas.
Centro Arte Alameda (Santiago)
Entrada: $2.000
Jueves 25 de junio – 19 horas.
Centro Cultural San Antonio (San Antonio)
Entrada liberada