Un año más, otro 12 de octubre en que probablemente, en más de alguna sobremesa o tertulia de media tarde, se cuente la historia de cómo Cristóbal Colón llegó a América. A menudo, el relato pinta una España de fines del siglo XV donde todo el mundo habría estado convencido de que la Tierra era plana, y que el navegante caería por el borde del mundo, y sería devorado por unos cuantos monstruos, si emprendía su viaje a Asia por la otra dirección. Pero la verdad es que, aunque sí hubo reparos al inicio con la expedición, estos no tenían que ver con la supuesta planitud de la Tierra, pues aquello no es más que un mito moderno.
Es cierto que cuando Colón fue a visitar a los Reyes Católicos en 1486 para presentar su proyecto de llegar a las Indias navegando hacia el oeste, este fue rechazado. Pero no porque la Tierra fuese supuestamente plana, sino porque la junta de sabios en Salamanca lo consideraba una idea inviable y por basar los cálculos de la distancia de la Tierra en medidas erróneas.
En pocas palabras, el viaje fue descartado al comienzo porque Colón subestimaba considerablemente la distancia que separaba Europa de Asia por esa ruta, por lo que los expertos dudaban que pudiera llegar a destino sin quedarse sin provisiones en alta mar. No por una eventual caída al abismo. El apoyo de Luis de Santángel, funcionario de la Corona que ayudó a financiar la expedición, fue clave para que los Reyes Católicos finalmente aceptaran el proyecto, pese a las dudas sobre su viabilidad.
De acuerdo con el profesor de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Martín Prieto, esta versión presenta el viaje de Colón como un enfrentamiento entre la ciencia moderna y la religión católica, supuestamente opuesta a la idea de que la Tierra era esférica. Así, la Edad Media queda retratada como una época de ignorancia y estancamiento, un capítulo oscuro entre los avances de la Antigüedad y la revolución científica moderna.
“No es exageración afirmar que la Edad Media cristiana profesó y enseñó la tesis de la Tierra esférica, condenó a la irrelevancia y al ridículo de la extravagancia las teorías divergentes y legó a la Modernidad el acervo de concepciones cosmológicas heredado de la Antigüedad”, afirmó el académico en su artículo La Tierra plana en la Edad Media: un mito contemporáneo (2021).
Lo cierto es que desde la Antigüedad (siglo IV A. C.) no cabían dudas sobre la esfericidad de la Tierra, gracias a eminencias de la época como Aristóteles y Ptolomeo. Su legado no se diluyó, y fueron referentes científicos importantes durante siglos. Más allá de unos cuantos planteamientos aislados, la tesis oficial de la Edad Media ya sostenía que la Tierra era una esfera. Siglos después, figuras como San Agustín en el siglo V, Isidoro de Sevilla y Beda el Venerable en el siglo VII o Tomás de Aquino en el XIII siguieron la misma línea y afirmaron sin lugar a dudas que la Tierra era una esfera, recuerda National Geographic.
“La Edad Media fue, en cuestiones astronómicas y geográficas, como en muchos otros aspectos, heredera de la ciencia grecorromana; fruto de su influjo, se mantuvo durante el Medievo la idea de la Tierra esférica”, recoge Sandra Sáenz-López Pérez, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, en su artículo Desmontando mitos sobre la Tierra en la Edad Media (2020).
Lo que sí se cuestionaba y generaba controversia era la posición del planeta respecto de los astros. Recordemos que Galileo Galilei fue enjuiciado en el siglo XVII por el Tribunal de la Santa Inquisición de la Iglesia Católica por defender la teoría del heliocentrismo de Copérnico —la cual afirmaba que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol— y no la tesis geocéntrica de que la Tierra era el centro del sistema solar.
Según el historiador estadounidense Jeffrey Burton Russell, en su libro Inventing the Flat Earth (1991), solo cinco escritores cristianos parecen haber defendido firmemente la idea de una Tierra plana en la Edad Media. Entre ellos estaban Lactancio, condenado póstumamente por herejía, y Cosmas Indicopleustes, cuya obra fue ignorada durante gran parte de la Edad Media. Sin embargo, estas figuras terminarían convertidas en referentes del mito moderno.
En pocas palabras, afirmar que los medievales creían que la Tierra era plana solo porque una pequeña minoría defendía esa idea sería como afirmar que en el siglo XXI creemos que la Tierra es plana porque existen los terraplanistas.
La idea de que en la Edad Media se creía que la Tierra era plana proviene en buena medida del escritor norteamericano Washington Irving en el siglo XIX, quien describió una versión imprecisa de la conferencia de Salamanca en su libro Una historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, publicada en 1828.
“El éxito de este libro sobre Colón de Irving fue tal, que incluso en España le reportó a su autor la elección como académico de la Historia. A partir de este momento, cobra fuerza una línea proclive a atribuir a la escolástica medieval una actitud contraria a la esfericidad de la Tierra”, describe Prieto.
En esa misma línea, el periodista Peter Steinfels explicó en abril de 1992 para The New York Times que el mito del terraplanismo medieval tuvo su mayor auge entre 1870 y 1920, en medio de las disputas que generó la teoría de la evolución. En ese contexto, autores como John W. Draper y Andrew Dickson White reinterpretaron la historia como un enfrentamiento permanente entre ciencia y religión, donde la supuesta oposición de la Iglesia medieval a la idea de una Tierra esférica terminó convirtiéndose en uno de los ejemplos más populares de esa disputa.
En esa línea, algunos autores presentaron las teorías de Lactancio y el sistema de Cosmas como representativos de la visión medieval del mundo, cuando en realidad fueron ideas excepcionales, desdeñadas y contradichas en su época, que no afectaron a la aceptación casi universal de la Tierra esférica.
Pese a lo anterior, la idea de que la Iglesia medieval creía que la Tierra era plana y que esa postura fue el principal obstáculo para el viaje de Colón se convirtió en un mito ampliamente difundido. Pese a que los historiadores han cuestionado esta versión, el relato sigue apareciendo en libros de texto y obras de divulgación popular.
“Aún no ha desaparecido del todo en este vehículo de difusión cultural”, sostiene Prieto. “En el cine, en series y otros programas de televisión, en novelas, historietas, videojuegos y otros medios de la cultura de masas, la misma idea se ha reflejado una y otra vez, con distintos grados de distorsión, más o menos completa y sugerida o expresada con mayor o menor claridad”.