A esta línea se sumó, en 2026, Alejandra Costamagna con Dónde puedo dejarlo. La obra sigue a Mara, una figura difusa y compleja que se desvanece durante la transición a la democracia.
Ambos proyectos marcan un distanciamiento del relato de la dictadura para adentrarse en las grietas políticas y afectivas de los años noventa, un territorio de búsquedas y vacíos que se amplía con el presente libro de Nicolás Vidal (1979), como el tercer título que sintoniza de un giro generacional centrado en la postdictadura.
La historia sigue a un profesor de historia desencantado de su trabajo que colecciona figuras militares, cuida a su madre en una residencia de ancianos y guarda con ella la crónica policial del diario La Cuarta.
El degollamiento del químico Hermes Bravo se convierte en el gran motor narrativo que impulsa al protagonista a transformarse en investigador aficionado. A través de las indagaciones para acceder a los peritajes del occiso, el relato reconstruye la biografía de la víctima y su estrecho vínculo con Walter Rauss, uno de los organizadores de las cámaras de gas.
Este entramado cobra relevancia cuando Bravo da cuenta de su colaboración con agentes como Michael Townley y Mariana Callejas, exponiendo cómo las fiestas y el consumo de cocaína destaparon una vorágine de despilfarro junto a personajes tanto o más peligrosos que él: una suerte de Tony Montana al servicio de la policía secreta de la dictadura civil-militar.
Los posibles móviles del crimen son diversos: las deudas con prestamistas informales, tener información sobre la DINA y no mantener un bajo perfil, las causas judiciales por giro doloso de cheques y los requerimientos vinculados al caso Letelier, entre otros.
En tanto, las periódicas visitas a la residencia materna funcionan como un espacio de encuentro y convivencia con la paciente, allí donde la realidad suele ser esquiva. A partir de la lectura compartida de casos policiales, ambos articulan hipótesis sobre los culpables, desenmascarando la impunidad estructural y las tramas subterráneas que permean a la sociedad.
El ritmo narrativo es una de las debilidades del volumen, porque hay detalles que interrumpen la lectura como el encuentro con Rebeca y la referencia sobre un corte accidental que no se retomará. O la sensación de paranoia del protagonista al sentirse vigilado. Las investigaciones donde profundiza sobre unos cuatreros en la Hacienda Los Cipreses en 1934 pareciera ser una subtrama, como un pie forzado que no termina de cuajar de manera significativa. Sin embargo, Vidal teje con seguridad la resolución de la obra.
Informe de daños (Alquimia, 2026) destaca por una propuesta ambiciosa: pasa revista a los primeros años de la transición y le otorga solvencia al enigma criminal desde la narrativa detectivesca. Se trata de una clave cultural que cobró especial relevancia tras la concesión del Premio Nacional de Literatura a Ramón Díaz Eterovic. Con esta entrega, Nicolás Vidal echa mano a la crónica roja, la novela negra y las sombras del caso Berríos para radiografiar la impunidad estructural que legitimó a la postdictadura.
Nicolás Vidal
Alquimia Ediciones
2026
162 páginas.
Gonzalo Schwenke
Magíster en Estéticas Americanas, PUC.