¿Olvidos por la edad? Señales que podrían advertir de Alzheimer y no deberían normalizarse

Olvidar dónde quedaron las llaves o tardar en recordar el nombre de un vecino puede ser algo cotidiano. Sin embargo, cuando los olvidos se vuelven frecuentes, aparecen problemas para orientarse o comunicarse, no deberían atribuirse simplemente al paso de los años, sino que tal vez a una señal de Alzheimer, cuyos síntomas inician a inicios de los 60 años, según estudio reciente.

Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer. Según el Plan Nacional de Demencia 2025–2035, cerca de 200 mil personas viven con demencia en Chile y su prevalencia alcanza al 7% de los mayores de 60 años.

De acuerdo con la prestigiosa Clínica Mayo, la enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia y se trata de un proceso biológico que comienza con la aparición en el cerebro de una acumulación de proteínas en forma de placas amiloides y ovillos neurofibrilares.

Esto hace que las neuronas cerebrales mueran con el tiempo y el cerebro se encoja, lo que provoca que la persona pierda ciertas capacidades que podía realizar facilmente antes del desarrollo de la enfermedad.

La doctora Nicole Rogers, neuróloga del Centro de Neurociencias de Clínica Universidad de los Andes, explica que la pérdida progresiva de ciertas capacidades no debe normalizarse. Aquella se trata de la principal señal de demencia.

“Envejecer puede acompañarse de algunos cambios en la memoria, pero la pérdida progresiva de capacidades que comienza a interferir con la vida diaria no debe normalizarse. Si una persona empieza a tener dificultades que antes no presentaba, ya sea para recordar información reciente, orientarse, manejar sus actividades habituales o comunicarse, es recomendable evaluarlo”, señala la especialista.

En ese sentido, la doctora entrega un listado de las señales que no conviene pasar por alto sobre el Alzheimer.

– Olvidar repetidamente conversaciones o hechos recientes.
– Desorientarse en lugares conocidos.
– Perder la noción del tiempo.
– Tener dificultades para encontrar palabras, tomar decisiones o desarrollar tareas habituales.
– Cambios de ánimo, personalidad o comportamiento.

Clínica Mayo agrega:

– Extraviar artículos y, a menudo, ponerlos en lugares en los que no tiene sentido hacerlo.
– Olvidar los nombres de familiares y de objetos de uso cotidiano.

“No se trata de alarmarse frente a cualquier olvido aislado. Lo relevante es identificar si existe un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente esa persona, si los episodios se vuelven frecuentes o si empiezan a comprometer su autonomía”, agrega la doctora Rogers.

De acuerdo a la experta, un 45% del riesgo de desarrollar Alzheimer está asociado a factores sobre los que es posible intervenir. Estos son:

– Mantener actividad física.
– No fumar.
– Evitar el consumo nocivo de alcohol.
– Controlar la presión arterial, colesterol y glucosa.
– Cuidar la audición y mantener una vida social y cognitivamente activa.

“La salud cerebral se construye durante toda la vida. Controlar adecuadamente los factores de riesgo cardiovascular, mantenerse físicamente activo, conservar vínculos sociales y consultar frente a problemas de audición son acciones que también forman parte de la prevención de la demencia”, concluye la doctora Rogers.

En el caso de una persona que ya fue diagnosticada con la enfermedad, esta debe tener rutinas predecibles que promuevan una mayor orientación, complementando con actividades de estimulación cognitiva y funcional, explica Nicole Chehade, jefa de Equipos de Cuidados de Acalis.

Asimismo, en la comunicación diaria, la especialista recomienda usar frases breves, lenguaje claro y evitar la confrontación o corregir relatos distorsionados, ya que discutir la realidad solo genera angustia y no frena el avance del deterioro cognitivo.

Respecto al entorno físico, Chehade subraya que medidas simples como promover la iluminación natural, uso de señaléticas utilizando contrastes de colores definidos entre figura y fondo, simplificación de mobiliario e información visual al realizar alguna actividad, pisos antideslizantes y espacios despejados disminuyen el riesgo de caídas y desorientación.

A esto se suma la mantención de la vida social, pues el aislamiento acelera la pérdida de autonomía, independencia e incrementa el avance del deterioro cognitivo.