La Biblioteca Nacional del Perú (BNP) cumplió el pasado 28 de agosto 205 años de creación, una fecha que permitió recordar su historia y también uno de sus episodios más dramáticos, relacionado con Chile. Se trata del saqueo de libros ocurrido durante la Guerra del Pacífico, en medio de la ocupación de Lima por parte del Ejército chileno.
Una parte de los ejemplares fue trasladada a Chile y, varias décadas después, comenzó a regresar al Perú. Específicamente, hubo devoluciones desde territorio chileno poco después de terminada la guerra y, más de un siglo después, nuevas entregas oficiales de gobierno a gobierno en 2007 y 2017.
Sin embargo, hasta la actualidad resulta difícil determinar cuántos libros fueron llevados efectivamente a Chile, cuántos desaparecieron dentro del propio Perú y dónde terminaron todos los ejemplares que alguna vez pertenecieron a la institución.
Gerardo Trillo Auqui, historiador e investigador peruano de la Guerra del Pacífico, cuenta a BioBioChile que la Biblioteca fue creada mediante un decreto del libertador José de San Martín en 1821 y se instaló oficialmente al año siguiente.
Durante las siguientes décadas se fue construyendo una importante colección gracias, entre otros aportes, a los libros donados por personajes vinculados al proceso de independencia.
Hacia 1880, según Trillo, existía un inventario elaborado por el director Manuel de Odriozola que permitía calcular que la institución contaba con alrededor de 56 mil documentos, entre libros, folletos, periódicos, archivos y otros materiales.
Era una biblioteca importante en Latinoamérica y había sido incluso mencionada por viajeros extranjeros que pasaban por Lima, de acuerdo con el investigador.
José Chaupis, historiador peruano y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), coincide en que la importancia del lugar permite entender por qué lo ocurrido durante la guerra tuvo un impacto que fue más allá de la pérdida de bienes materiales.
“Mientras la Biblioteca Nacional tenía 56.000 libros, Harvard solo tenía 4.000. Entonces, ¿por qué a los chilenos les interesa tanto la Biblioteca Nacional? Porque era la más importante de Sudamérica y además porque era una forja también de identidad, era como golpear fuertemente a la capital”, comenta el profesor universitario para BioBioChile.
Agrega que afectar a la institución significaba “golpear directamente el corazón del país, que era la Biblioteca Nacional culturalmente hablando”.
Gerardo Trillo hace una distinción para explicar lo sucedido durante la ocupación de Lima. A su juicio, por un lado hubo un saqueo desordenado, pero también un proceso que puede ser considerado como “expolio” (despojo a alguien de sus pertenencias), debido a que existió una extracción organizada de determinadas publicaciones.
“Cuando inicia la ocupación, se toma el edificio de la Biblioteca Nacional y sí hay un expolio porque hay información de que se sacaron específicamente tales estantes, que iban a ir anotados, inventariados a tal lugar en Chile”, dijo.
“Eso es un expolio, hay una especie de orden al respecto. Pero también hubo un saqueo, donde todos se metieron y agarraron lo que pudieron”, agregó.
José Chaupis explica que los materiales fueron colocados en cajas, embalados, sellados y enviados hacia Chile. Remarca, además, que este proceso no afectó únicamente a la Biblioteca Nacional, sino también a otras instituciones, entre ellas la casona de la Universidad San Marcos y la Facultad de Medicina de San Fernando de la misma casa de estudios.
Por su parte, Trillo hace una precisión respecto de quién tomó la decisión. El investigador sostiene que no se ha encontrado una orden específica documentada que permita identificar con certeza a la autoridad que dispuso el traslado. “No hay una autorización especial específica”, señala.
La magnitud de lo ocurrido con la BNP puede observarse al comparar el patrimonio que existía antes de la ocupación —aproximadamente 56 mil documentos— con lo que encontró el reconocido escritor peruano Ricardo Palma cuando asumió posteriormente la reconstrucción de la Biblioteca.
Según menciona Trillo, cuando Palma llegó a la institución después de la guerra, en noviembre de 1883, encontró aproximadamente 732 libros. Estos ejemplares estaban tirados en el piso.
“Palma dice que va a la biblioteca, no había ni puerta en la biblioteca, no había chapas de las puertas, no había cerrojos, no había puertas, no había los azulejos, no había vidrios. Totalmente un desastre”, relata el investigador.
Ambos historiadores añaden un elemento que hace complejo cualquier intento de calcular cuántos de los libros desaparecidos terminaron en Chile: no todos necesariamente salieron del Perú.
Chaupis menciona una investigación de Milton Godoy Orellana, historiador chileno, según la cual también hubo apropiación de libros por parte de habitantes de Lima y circulación de ejemplares en un mercado negro.
Trillo plantea, incluso, que algunas personas pudieron haber retirado los libros con la intención de protegerlos durante el caos provocado por la guerra. Después del conflicto, explica, diversos ejemplares fueron encontrados almacenados en mercados, depósitos o cajas y posteriormente pudieron regresar a la Biblioteca.
Por ello, reconstruir el destino de los cerca de 56 mil documentos existentes antes de la ocupación chilena de Lima resulta casi imposible.
A Ricardo Palma, un escritor que sería comparable con Mario Vargas Llosa en la historia reciente, lo llamaron el Bibliotecario Mendigo por su arduo trabajo de buscar, solicitar y recuperar libros saqueados.
Una de sus gestiones fue con el presidente chileno Domingo Santa María. Palma le escribió para comunicarle que se había enterado de que en Valparaíso y otros lugares había libros peruanos, a lo que Santa María respondió: “Me voy a encargar de eso”. En los años siguientes, la Biblioteca recibió alrededor de 11 mil ejemplares provenientes de Chile. “Que no es poca cosa. Es una gran cantidad”, destaca Trillo.
Más de 120 años después se registraron nuevos episodios: la devolución oficial de libros por parte del Gobierno de Chile al Perú. Fueron 3.788 ejemplares en 2007 y 720 en 2017. A ello se suman algunas devoluciones particulares realizadas a lo largo de los años.
Aunque Chile hizo un inventario después de la ocupación de Lima, a cargo del científico Ignacio Domeyko, y se contabilizaron 10 mil libros aproximadamente, esta cifra no sería del todo exacta porque no se trató de un registro detallado, según Trillo.
Además, una de las formas de reconocer los libros de la BNP era mediante los sellos colocados en sus hojas, pero el historiador comenta que no existe certeza de que todos hayan tenido ese distintivo.
Por ello, el investigador considera un tanto especulativo intentar determinar el destino de los 56 mil documentos iniciales a partir de restar los 10 mil contabilizados en Chile y las posteriores devoluciones.
Por su parte, Chaupis considera que este episodio continúa muy presente en la memoria de los peruanos, puesto que en las escuelas peruanas los profesores hacen referencia a Ricardo Palma, personaje clave en el proceso de reconstrucción de la Biblioteca Nacional.
Por ello, plantea la posibilidad de una tercera devolución de libros en el siglo XXI si aparecen nuevos ejemplares en Chile, especialmente pensando en el 150.º aniversario de la Guerra del Pacífico, que se cumplirá en 2029.
“Sería interesante, quizás como gesto, una tercera devolución”, sostuvo. Para el docente de San Marcos, quien considera que los libros “no son botines de guerra”, una acción de este tipo podría contribuir a fortalecer las relaciones entre Perú y Chile.